Vivencias que dejan huellas

Cada día se forja una historia en nuestras vidas con diferentes situaciones que nos van sucediendo, sin embargo sólo algunas van dejando huellas en nuestra memoria.

Te miro, otra vez


Te miro y veo como todo se desvanece otra vez, cayendo lentamente ante mis ojos

Trato de guardar silencio, simplemente para no volver a sentir dolor

Y me refugio entre sueños, calmando lentamente el caos a mi alrededor

Te miro y camino lentamente, de desilusión en desilusión

intentando encontrarle algún sentido a todo lo que estoy sintiendo, a todo lo que estoy viviendo

a este enredo emocional que me paraliza y provoca que nuevamente me vuelva a hermetizar

te miro porque aunque quisiera, aún no puedo quitar mi vista de ti

y te observo aún cuando lejos te has de encontrar

sin que lo notes te pienso, sin que lo sientas te sueño

y vuelvo a encontrarme contigo en una quimera difusa, sin embargo así te observo otra vez

te miro, lentamente, intentado borrar cada uno de los detalles a los que en algún momento me ancle y con tristeza y delicadeza me separo de tu piel, de tus besos, del ayer, del instante que entre sonrisas y risas pude ser feliz

te miro, aunque sea por última vez, sintiendo mariposas revoloteando otra vez

y entre el silencio y el frío de una noche gris, me vuelvo a dormir.

Te miro




No estás aquí, y aún así puedo sentir tu aroma cerca de mí, el que me acaricia con sutileza y se posa a mi lado, anulando el momento y transportándome al instante en que nuestros labios se toparon por primera vez.
Te miro y sonrío nuevamente con tus palabras, te miro y camino confiadamente a tu lado, sin soltar por ningún minuto tu mano, sino que aferrada a ella vuelvo a ser feliz, caminamos pausadamente y entre risas y sonrisas nos volvemos a mirar.
Es tu respiración la que siento cuando mis ojos se vuelven a cerrar y despacio y lentamente me duermo junto a ti. Necesitando que me abraces y asi sentir otra vez tu calor, escuchar palpitar tu corazón y en el silencio conversar.
Te miro aunque presente no estás, pero aún así te extraño, que ilógico, en tan poco tiempo puedo decir que necesito de tu voz, de tu abrazo y tu calor, de tu risa, de tu vida.
Te miro, aún cuando en los sueños me he de encontrar y recorro cada uno de los detalles de tu rostro y en tus labios me vuelvo a anclar, tiernos y suaves me reciben, dulces cual chocolate artesanal.
Te miro, porque simplemente necesito dibujarte en mi memoria para así no borrar ni un segundo de lo que provocas hoy en mí.

Realidad Explícita


Ya la noche se hace presente y tú estás aquí, cada vez más latente
Entre sueños y pensamientos te paseas ante mí, sin siquiera hablar
Dejando así al silencio actuar ante ruidos y murmullos que inquietan mi estabilidad
Y así pasan los días ante la realidad que ya no puedo negar,
Porque se hizo explícito aquello que solo era implícito en mí caminar
Y ante las fauces con gritos angustiantes dejo de escuchar a esta sociedad
Encerrándome en un laberinto de felicidad.
Recorro cada uno de los rincones sin poder escapar, anclándome a esto
Que se transforma cada día en una historia con memoria,
Trayendo al presente el instante en que deje de vivir y tu respiración lleno todo lo que soy, alimentando cada uno de mis sentidos, ilusionando con tu luz mi emoción.
Sin embargo uno a uno sumerjo los sentimientos en un escondrijo, para poder así, Permanecer ante aquel sonido ensordecedor que me paraliza
Mudando por completo mi comportar, y yo, con el miedo a esta fatídica realidad
Trato de ofuscar lo que soy ante tu voz

Volviendo a esconder, bloqueando nuevamente mi interior.

En un café ...


Sin darnos cuenta, estábamos ahí, uno frente al otro sosteniendo una conversación que jamás creímos iba a suceder. Después de todo lo vivido, del amor compartido, decidíamos que hacer con lo nuestro, que en ese instante ya no existía, sino que sólo era un tu y yo. Eterno fue el momento en que sentados en aquel café nos dijimos “es mejor darnos un tiempo”. Largo fue el silencio que nos acompañó, entre miradas inconclusas intentando encontrarle algún sentido a lo que se estaba diciendo, intentando comprender lo que estábamos sintiendo. Después de unos instantes y mirándonos fijamente nos despedíamos con un simple y frío beso. Nos marchamos, cada uno con un paso hacia destinos distintos, pero manteniendo la seguridad que con fecha límite nos volveríamos a reencontrar, sentados aquí, en este mismo lugar.

El tiempo no se detuvo y sin temor avanzaba velozmente. Cada uno continúo con sus vidas pero recordando el pacto de aquel día. Nos volveríamos a encontrar en este mismo lugar.

El día llegó, y con nerviosismo ella partió rumbo al café. Aún no era la hora, sin embargo necesitaba estar en ese lugar y verificar que todo estuviera de la misma forma como lo habían vivido la última vez. El reloj comenzó a avanzar sin decoro y él, no aparecía. Comenzaba a impacientarse pensando que aquello que anhelaba no iba a suceder, pero era ilógico, puesto que juntos habían tomado la decisión de separarse pero con fecha de vencimiento, la que en ese instante se estaba cumpliendo.
Después de esperar una hora comprendió que él no se presentaría. Se negó a lo que estaba viviendo, no entendía que estaba sucediendo, si fue asertiva o no la decisión de hace un tiempo atrás y paralizada miraba fijamente lo que no existía, paralizada sostenía su mirada en la nada. Sin rumbo fijo comenzó a caminar, entre medio de la gente obviando cada suceso que a su alrededor se forjaba. Hasta que en un momento detuvo su andar y una lágrima por su rostro se comenzó a deslizar.

Punto Fijo



Volverte a mirar aunque no estés presente se hace evidente una y otra vez
y mientras camino por el cemento sin un rumbo fijo te detienes frente a mi
con una mirada indiferente pasas de largo
y de un lado a otro sigo en este punto, tratando de salir ocultando lo vivido
pero se intensifican los momentos haciéndolos eternos,
y sin escuchar palabras te marchas.
Apareció el sol, y junto a esto una nueva experiencia que te aleja
Aunque en lo más mínimo de mis pensamientos voluntarios
Porque aunque no lo quiera apareces y desapareces sin pedir permiso
Solo pasas, y en silencio te quedas a mi lado acelerando mi respiración.
Se esfumo el calor y en oscuridad tu voz volví a escuchar,
sólo un susurro en mis oídos, brisa suave que golpeaba mi temor
te reconocí aún con la vista vendada y sin pronunciar fonemas solo te escuché, canalizando los segundos que transcurren en un mundo que se pierde
pero que me acercan a ti, al contorno de los sueños y deseos
procurando sin miedo transformar el sentimiento en sucesos
que en ocasiones se disipa entre tu aliento
desvaneciendo por completo el tiempo que me hace participe
de situaciones complejas
en donde sólo quisiera abandonar el proceso
el que me traslada de un lado a otro estando aún en la misma posición,
pero al volver a renacer reconozco lo que fue
y camino sin retroceder, meditando en aquello que me hace emerger

Sólo un café


Como cada mañana, salió con su paso presuroso hasta aquel lugar de siempre. Sentada, espero con cautela su café, percibiendo y asimilando el olor propio que de éste se escapaba.

Un sin fin de pensamientos rodeaba su mente, ante el avanzar de múltiples personas. Hasta que de un momento a otro su mirada fijó la vista en él. Se observaron sin temor y pausadamente se esperaron.

Su latente corazón comenzó a palpitar con mayor frecuencia a la llegada de aquella persona que paralizó su mirar. Él, sin dejar pasar el tiempo junto a ella se sentó, y sin pronunciar palabras sus labios se cruzaron. Con ternura la rodeaba entre sus dedos, con sutileza recorría sus mejillas, aquella de piel suave y brillante que se hacía notar ante él.

Era el instante perfecto para volverse a enamorar y sin siquiera buscarlo, en su lugar favorito lo vino a encontrar.

Detenidos los segundos se contemplan y sin obviar ni un detalle, capturan y se apropian de la belleza que los paralizó.

Ya, cruzando sus manos abandonan el lugar, y a diferencia del principio, juntos comienzan a caminar.

El último adiós


Los sentimientos fueron clausurados en el momento en que se escuchó el último adiós. Ni un sonido se hacía oír, sólo el ruido de una respiración acelerada que se negaba a continuar con este hecho infortuito. Miradas, sonrisas, palabras, deseos, ya eran parte de un pasado que en el hoy comenzaba a tejerse. Mientras su historia se disociaba, una lágrima se dejó caer por la mejilla, rozando con sutileza aquella piel tosca, pero llena de encanto.

No existían palabras que describieran el instante en que el sol dejó de brillar, no existían palabras que describieran cuánto dolor había en ese palpitar. Y él, en desesperación, ante tal desolación, comenzó a correr intentando alcanzar lo que a esa altura había perdido. Por segundos creyó lograrlo, sin embargo el silencio de su presente soledad le hizo notar su fatídica realidad.

El tiempo no se detuvo, pasaron los días, y los años comenzaron a avanzar, sin embargo él, inserto en un mundo que no deja tiempo para recordar, logró sentarse en aquel lugar en que por última vez la vio partir, y cerrando sus ojos, volvió al instante en que sintió su amor.