Vivencias que dejan huellas

Cada día se forja una historia en nuestras vidas con diferentes situaciones que nos van sucediendo, sin embargo sólo algunas van dejando huellas en nuestra memoria.

Labios de miel ...



Son tus labios, irresistibles e irreales a la vez, con su tamaño majestuoso que me incitan a pecar. Aquellos labios que en secreto no me aguanto y debo besar.

Son tus labios, los que me elevan cuando los logro tocar y me transportan al paraíso, lugar donde quisiera siempre estar. Porque son ellos los que agitan mi respiración, se deslizan en mi piel y hacen que vuelva a renacer.

Bellos labios, marcados con un punto esencial que adornan su tibia piel haciéndolos perfectos ante la vista de los demás. Pero sólo yo me doy el lujo de catar y volverlos a sentir una vez más.

Bellos labios, tamaño perfecto para sentirlos en todo su esplendor, para observarlos con ojos de amor y contemplarlos aún en la oscuridad. Porque sin verlos los logro encontrar y saboreo aquellos besos, saboreo su calor, me embriago del dulzor de su pasión.

Son tus labios, la magia viva de un anhelo constante, un deseo latente, un perfume en mi ser. Y al frío logra esconder con su contorno correcto y su color en la piel.

Son tus labios que me estremecen cuando en los míos se han de anclar y permanecen en un tiempo prolongado avivando un fuego interno que aflora instantáneamente cuando los he de sentir.

Son tus labios, que me transportan de la dicha frenética a una calma indescriptible, adormeciendo mis sentidos y sin darse cuenta al mismo tiempo me llevan a la locura indomable, que traspasa lo verídico, asomando un rojo intenso, vivo y lleno de vehemencia.

Bellos labios que aunque los quiera dejar, erróneamente vuelvo a posarme en el mismo lugar, junto a ellos ... labios de miel, que sin notarlo se apoderaron de mi ser y necesito una y otra vez encontrarme ahí, entrelazar nuestros sueños y vivir, sin el tiempo desafiando por querer avanzar, sin el miedo a pensar que me puedo equivocar, sino que disfrutar el momento, el que se hace eterno y perfecto cuando los vuelvo a tocar ... 

bellos labios de miel

Sólo un minuto ...











... Un minuto tan solo falta para escuchar otra vez tu voz y perderme entre sonidos vibrantes de tu canción. Deslizarme entre tus labios al compás del movimiento que de ellos surgen cuando emites una palabra y mil notas musicales se desprenden otra vez.

... Un minuto tan solo falta para sentir tu olor, el que llena cada lugar por donde caminas, por donde te mueves y deslizas, avanzando a paso lento, cauto y sereno. Un perfume que me deja sin aliento al sentirlo una vez más y cuando no estas lo vuelvo a necesitar y aunque lo busque e intente replicarlo, es único, porque al mezclarse con tu piel lo hace ser irresistible a los demás. 


... Un minuto tan solo falta para verte reír, disfrutando de lo perfecto de aquella sonrisa y que compartes junto a mi. Mi risa es tu risa, tu sonrisa es mi vida y en el silencio y en secreto nos encontramos para volver otra vez a sonreír. 


... Un minuto tan solo falta para mirarte y recorrernos sin que nadie más lo note, encontrarnos en silencio y hablarnos con los ojos, los que pueden decir más que las palabras, los que llegan a provocar todo con sólo una mirada. Y cuando nos vemos te miro y busco entre tus ojos el sentimiento que me dice que ahí estas, junto a mi, otra vez. Busco entre ellos tu corazón, el que sigue latiendo al mismo ritmo que mi corazón. 


... Un minuto tan solo falta para besarnos y recorrernos en un solo abrazo, fuerte, apasionado, repleto de amor, en un minuto en donde el tiempo se detendrá cuando nuestros sentidos se logren hallar. Y te mirare, cada vez que pueda lo volveré a hacer. Y te sentiré, y me llenare de tu perfume que no puedo y no quiero olvidar y sonreiré con tu silencio, tus movimientos, con todo lo que hay de ti. Y te besare una y otra vez, recuperando el tiempo perdido en dónde solo existían miradas, sonrisas, secreto. 


... Un minuto tan solo falta para volver a ser feliz 

Reencuentros nocturnos ...





La luz se apagó y el silencio capturo toda la atmósfera en su pasar. En una habitación cálida que sólo se podía percibir tranquilidad. Pero apareciste tu y tu voz se hizo notar ante tal oscuridad. Comenzaron a entrelazarse las palabras y un mundo de emociones aparecieron sin retractarse, sino que avanzando al ritmo de aquellas letras nos dejamos llevar. Te mire, me miraste y no dejamos pasar ni un sólo segundo y un volcar abrumador de sentimientos se mostraron, aquellos que por un tiempo prolongado permanecieron escondidos tras un vidrio indolente, frío y sin sentido ... La noche se cubrió de tu vida, de la mía, de lo que anhelamos y deseamos, de aquello prohibido. La noche se cubrió y nos traslado a lo que tanto extrañamos y por un instante vimos perdido. Y sin pensar volver a  revivirlo, nos encontramos otra vez en el mismo lugar con un reloj marcando la hora exacta de aquellos reencuentros ...
Nos vestimos de sueños latentes que se hicieron palpables y sin necesitar de luz, llenaste de claridad mi corazón, cruzando lo que para algunos puede ser condenatorio, pero para ti, para mi, para los dos, es vida.
La noche se hizo cómplice oculto de nuestra presencia, de dedos danzando como cuál máquina de escribir, y sin dar espacios avanzamos, antes que la oscuridad pierda su intensidad, antes que la luna se marche y demos paso a una luminosidad que nos provoque ceguera y no podamos observar. Avanzamos aprovechando cada minuto, cada segundo, cada momento que se transforma en eterno cuando sólo hemos de estar tu y yo.
Sin embargo nuestros sentidos se silencian, entendiendo que éste mágico momento está llegando a su final.
Te miro y te vuelvo a mirar, quizá por última vez, porque definitivamente no se nuevamente si volveremos a estar aquí ... si, aquí, en la bella noche repleta de oscuridad.

Presente real ...





Aunque existías no sabia lo bien que me hacías, y sin tu saberlo te fuiste metiendo de a poco en mi vida.
Me encuentro sumergida en un sueño del que no quiero volver a despertar. Te sueño sin tu saberlo y te miro sin tu darte cuenta, y comienzo a tallar en mi memoria lo que por última vez pude contemplar. Y volando a aquellos recuerdos, los evoco en más de una oportunidad porque nuevamente quiero junto a ti estar.

Es tu forma de ser, tu sonrisa, tu mirar que me hacen observarte no sólo una vez, sino que mucho más porque necesito contemplarte para así poder estar tranquila, aunque no lo puedas notar.

Te escucho y sonrío, te pienso y revivo, como aquella flor cuando rocían sus pétalos con agua, pequeñas gotas que dan aliento, vida, alegría.

El tiempo es aquella sensación de quietud cuando junto a mi te has de encontrar, cuando nuestro ojos se vuelven a reencontrar y en silencio nos hemos de quedar. Y me quedo sin aliento con sólo el espejismo de tu presencia, una ilusión óptica que es capaz de paralizar todo, todo aquello que a nuestro alrededor se va creando, nublando por completo al mundo y comenzar a existir solos tu y yo. Un presente latente ante la vista de los demás, un presente en el que ahora me quiero quedar.

Te encontré ...







... Te encontré, en medio de todo el ruido que ensordecía nuestros sentidos. Sin mirarnos nos hablamos, sin buscarnos nos hallamos, y conversamos una y otra vez, una y otra vez, en secreto, sin el tumulto de la gente a nuestro alrededor.

... Te encontré, aún sin notarlo que a mi lado estabas y sólo tu voz escuche, abrí mis ojos y te vi, frente a mi, observándome con tu mirar distinto, tierno, loco, ideal. Y te miré, borrando por completo al mundo, borrando lo que hace mal. Sin embargo tu me haces tan bien. Y en ésta inexistencia perpetua te necesito y en constante oscuridad te espero para que vengas y des claridad a éste momento único, momento que sólo se trata de ti, de mi, de los dos. Momento único y real, dentro de todo lo que hoy es irreal.

... Te encontré cuando menos lo pensé, pero en el momento justo te observé. Me hablaste y sin dejar pasar el tiempo respondí a cada una de tus interrogantes y sonreí con tus palabras. 
Me sorprende tu cariño, me alivia tu amar. Me encanta tu locura, me cautiva tu mirar.

... Te encontré en éste instante de felicidad, sentí tu aroma y me apropié de él. Lo tatue en mi olfato para no borrarlo de mi. Y aunque no estés cerca te puedo evocar con mi mente, mi vista, mis sueños, mi olor, con cada uno de los sentidos que te buscan sin cesar. Te buscan, te encuentran y me abrazan.

... Te encontré en un lugar inesperado, nos callamos, nos miramos, tomaste mi mano y abruptamente la solté, y cuando quise besarte ... desperté ...

Tus ojos ...



Cierro los ojos cuando la noche comienza a avanzar y me sumerjo en el sonido de una luna llena que aclara cada rincón de oscuridad. Sin embargo no quiero mirar, no quiero volver a estar ahí en dónde tal vez junto a ti me encontrare. Pero te pienso una y otra vez y fijo mi vista en el detalle de tu rostro, en tus ojos, si, en aquellos que contemplaba en más de una oportunidad, que contemplaba sin cansarme porque era ese color verdoso a veces, miel en otras que me dejaban atónita, sin respirar, sin palabras ante la belleza de ellos, si ... ellos, tus ojos ... y los busco con recelo porque no los puedo hallar, y los busco vehementemente sin poderlo lograr. Y en los sueños los retengo y me quedo pegada a ellos, mirando lo que ahora ya no está, lo que es inexistente porque el tiempo se ha encargado de avanzar sin dar aviso y en el pasado van quedando cada uno de esos momentos que tal vez no fueron gratos, pero me hacen ser quien soy y se transforman en recuerdos, que no son más que eso, recuerdos plasmados en mi memoria, recuerdos plasmados en fotografías, recuerdos de un pasado triste pero en donde ame, con intensidad, locura y pasión, ame con la fuerza de un corazón que no hizo más que entregar, sin recibir nada a cambio, sólo entregar...
Sin pensarlo ante tus ojos me encontré, me deslumbraron, me encantaron, pero al corto tiempo me desilusionaron y le restaron importancia a lo que yo podía ser y hoy, sin pensarlo tus ojos dejaron de mirarme y los perdí, ante una noche calurosa, que amenazaba con transformarse en fría y gris, los vi partir. 

Tal vez con ellos me vuelva a encontrar, tal vez nunca más los vuelva a mirar, tal vez ... tal vez, se puede acabar el mundo...





Camino hacia el final ...




Caminando por la playa como dos desconocidos, con paso presuroso como si el tiempo se fuera a acabar en segundos y es necesario hablar de manera rápida.
No levantan la vista, sino que con ésta fija en el pavimento continúan su andar. Sólo el canto de las olas se ha de escuchar, porque de aquellos labios ningún sonido se logra dar. Hasta que en un instante su hablar se hace notar ... palabras iban y venían culpándose sin lograr llegar a una solución asertiva en ésta conversación, que mas que conversación parecía discusión. 
Ella no lo quiere mirar, y los ojos de él, quién sabe dónde están, sólo tiene claro que se aman, pero la relación, tal vez, está llegando a su final ...